Más que piedras preciosas
Hace poco se llevo a cabo la 32° Convención de Dorcas y es por ello que dedicamos el tema de este mes a todas las mujeres. Compartimos con ustedes uno de los contenidos expuestos en la pasada convención.
La biblia guarda grandes reflexiones acerca de las mujeres y en especial sobre aquellas que llevan consigo una gran virtud, ya que, según la palabra de Dios, una mujer virtuosa tiene mayor estima que las piedras preciosas
Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas.
Proverbios 31:10-12
El corazón de su marido está en ella confiado, Y no carecerá de ganancias.
Le da ella bien y no mal
Todos los días de su vida
Todas las mujeres pueden llegar a tener un carácter virtuoso conforme a Dios si aceptan el reto de vivir sujetas a el, llevando a cabo su voluntad. Ser una mujer virtuosa no implica ser un mártir o ser una mujer perfecta; sino que refiere a aquellas mujeres que lograron que el Espíritu Santo brille en ellas y que por medio de él, son capaces de ejercitar y fortalecer sus muchas virtudes.
Hay diferentes tipos de piedras preciosas (rubí, zafiro, esmeralda, entre otras) y todas ellas comparten características que son las que las distinguen entre todas como ser su dureza, su escases o singularidad y su extraordinario color. Podemos reflexionar sobre cada una de esas características para encontrar cualidades que distingan a las mujeres virtuosas.
La dureza como representación de la firmeza y fortaleza, para ser valientes y afrontar las distintas luchas sabiendo que Dios esta con ellas.
La escases o singularidad como la identidad de cada una, que las hace única y especiales. Dios les brindó talentos que sólo ellas son capaces de utilizar y que deben ejercitar.
Y el extraordinario color como la luz del Espíritu Santo que son capaces de reflejar y que el mundo ve. Esto último es lo que hace que la mujer virtuosa halle gracia en los ojos de los otros y que ellos anhelen.
Encontramos en la biblia ejemplos de grandes mujeres que con sus virtudes han sido destacadas y que las cristianas deben imitar. Por ejemplo Juana, la esposa de Chuza, una mujer que fue sanada por Jesús y que luego de ello se mantuvo con el ayudándolo con sus bienes, y que incluso después de su muerte, colaboró preparando ungüentos y especies aromáticas. (San Lucas 23:55 y San Lucas 24:11). También la mujer sirofénica, que tenía a su hija enferma y acudió a Jesús para que la sane. Ella era una mujer descendiente de los antiguos semitas, pagana e intensamente religiosa, pero que el maestro la destacó diciendole «Mujer, grande es tu fé» (San Mateo 15:28).
Todas las mujeres pueden ser virtuosas y alcanzar esa estima que sobrepasa a las piedras preciosas, colaborando y ayudando de muchas formas distintas a la obra de Dios. Para ello es necesario que sean capaces de encomendar sus almas al Señor y ponerlo por sobre todo, para que así su Santo Espíritu habite en sus corazones y las destaque en este mundo.
