39º Convención de Dorcas – Día 2

Luego de un exquisito desayuno preparado por las hermanas y jóvenes de la Iglesia sede, llegó el momento de dar comienzo a nuestra reunión matutina.

El devocional estuvo a cargo de la hermana Ana Ledesma, de la Iglesia de Palermo. Durante este tiempo tuvimos la oportunidad de escuchar a diferentes hermanas que compartieron sus testimonios, expresando con gratitud las grandezas y el poder de nuestro Dios.

La hermana Alejandra Aceval, de Centenario, compartió su agradecimiento a Dios por haber obrado en medio de una compleja situación de salud. Luego de realizarle una histeroscopía, los médicos le habían indicado que sería necesario realizar una intervención para vaciar algunos de sus órganos debido a un mioma. Sin embargo, Dios obró de manera sobrenatural y aquel mioma desapareció, evitando así la intervención que había sido indicada. Con gran gratitud, reconoció una vez más el poder de Dios y su respuesta a las oraciones.

La hermana Verónica Cáceres, de Bariloche, recordó que durante la convención anterior había pedido oración por su hermano, quien necesitaba un trasplante de hígado. Sin embargo, Dios respondió a aquellas oraciones y obró de tal manera que finalmente el trasplante no fue necesario. Con alegría y agradecimiento, compartió este testimonio como una muestra más de la fidelidad de nuestro Señor.

También escuchamos el testimonio de la hermana Gladis Pérez,de El Tunal, quien atravesó momentos de gran dificultad. Previamente, su hogar había sufrido un incendio y, posteriormente, padeció un ACV que le provocó una hipoxia, afectando su habla y provocándole la pérdida de fuerzas en sus brazos. En medio de aquella situación, mientras era trasladada en ambulancia hacia la clínica, su hermana permaneció de rodillas, clamando y rogando a Dios por su vida. El Señor oyó su clamor y, con su gran amor y misericordia, obró poderosamente. Hoy, no solo puede dar testimonio de su recuperación, sino también de la restauración de su hogar, que fue completamente renovado y nuevamente levantado. Una vez más, podemos reconocer que cuando Dios obra, su poder alcanza cada área de nuestras vidas.

Por su parte, la hermana Azucena Vega, de Centenario, expresó su agradecimiento a Dios por haberla sanado de un fibroma que afectaba su cuerpo. A través de las oraciones, aquello que causaba molestias desapareció, permitiéndole experimentar una vez más el poder sanador de nuestro Señor.

Cada uno de estos testimonios nos permitió recordar que Dios continúa obrando en medio de su pueblo, escuchando las oraciones, sosteniendo en los momentos de dificultad y manifestando su poder y misericordia. Fue un tiempo especial para reconocer, con corazones agradecidos, que nuestro Dios sigue siendo fiel y poderoso para hacer grandes cosas.

Finalizadas las oportunidades, se dio lugar a las hermanas Ruth y Milagros, de Tres Arroyos, quienes llevaron adelante una dinámica titulada “Hasta que todo tenga sentido”.

Para comenzar, cada hermana recibió un sobre que contenía una palabra en su interior. Una vez recibido, debía escribir en él su nombre y la iglesia a la que pertenecía.

Mientras tanto, en el altar se podía observar una gran cantidad de regalos de diferentes tamaños, colores y presentaciones, que resultaban llamativos a simple vista. La propuesta consistía en que cada hermana debía elegir entre conservar el sobre que había recibido o cambiarlo por uno de los regalos que se encontraban sobre el altar. Fue entonces cuando comenzó la dinámica. Muchas de las hermanas se sintieron atraídas por los regalos y decidieron escoger uno, mientras que otras prefirieron conservar sus sobres. A medida que los regalos comenzaron a abrirse, se fueron descubriendo distintas palabras como “trabajo”, “belleza”, “redes sociales”, “aprobación”, entre otras. Algunos contenían caramelos, mientras que otras cajas se encontraban completamente vacías. La dinámica permitió realizar una comparación entre aquello que cada hermana había recibido en su sobre y lo que había encontrado dentro de su regalo. Mientras que algunos sobres contenían palabras como gozo, paz, fe, paciencia, amor, esperanza, satisfacción y alegría, los regalos representaban aquellas cosas que muchas veces pueden llamar nuestra atención y parecernos atractivas, pero que no necesariamente llenan nuestro corazón ni dan verdadero sentido a nuestra vida.

De esta manera, la actividad llevó a las hermanas a reflexionar acerca de aquello que elegimos y valoramos, comprendiendo que no todo lo que parece atractivo a simple vista tiene el mismo valor y que las cosas que realmente provienen de Dios son las que permanecen y dan verdadero sentido a nuestra vida. Culminando la reunión de la mañana, cada dorca recibió un abanico como regalo de las dorcas de la Iglesia sede.

Posterior, durante la reunion de la tarde la enseñanza estuvo a cargo de la Pastora Pilar, quien comenzó leyendo Jeremías 2:14. Luego, fue dando participación a diferentes hermanas de Centenario, quienes desarrollaron distintas reflexiones en torno al vacío del corazón y las diferentes maneras en que las personas intentan llenarlo.

La primera participación estuvo a cargo de Jésica Lobo, quien habló acerca de Eva y del vacío que surge cuando creemos que Dios no es suficiente. Para ello, leyó Génesis 3:1-6, haciendo referencia a cómo Eva buscó algo fuera de lo que Dios ya le había provisto. A partir de esta historia, se reflexionó acerca de las diferentes formas en que actualmente intentamos llenar ese vacío, como las compras, las redes sociales y las comparaciones con los demás.

Luego tomó la palabra la hermana Gladys Andaur, quien planteó la pregunta: “¿Y si el problema no fuera el vacío?”. Su reflexión estuvo basada en la vida de Mical, relatada en 2 Samuel 6:16-23, haciendo énfasis en la comparación y en la búsqueda de aprobación. Se destacó que, cuando vivimos buscando agradar a los hombres, podemos perder la alegría de agradar a Dios. La reflexión llevó a considerar cómo la necesidad de aprobación puede ocupar un lugar que solamente le corresponde a Dios.

Posteriormente, participó Vanina Andaur, quien compartió una fotografía relacionada con una etapa de su vida y relató parte de su pasado. Su enseñanza estuvo basada en la historia de la mujer de Lot, relatada en Génesis 19. El tema desarrollado fue «el vacío de vivir del pasado». Se reflexionó sobre cómo la mujer de Lot quedó mirando aquello que estaba dejando atrás, representando una nostalgia engañosa que puede llevarnos a pensar que “el tiempo pasado fue mejor”. También se mencionaron situaciones que pueden mantenernos atados al pasado, como la falta de perdón, las traiciones, las infidelidades, el abandono, el abuso, las palabras hirientes y las malas decisiones.

A continuación, tomó la palabra Paola Ortiz, quien leyó 1 Reyes 17:8-12 y desarrolló la historia de la viuda de Sarepta. Su reflexión estuvo centrada en «el vacío de la desesperanza». Se describieron las circunstancias en las que se encontraba esta mujer: al borde del abismo, atravesando soledad, incertidumbre y sufrimiento, y viviendo una profunda desesperanza.

Luego participó Alejandra Aceval, quien presentó la historia de la sunamita. A diferencia de las mujeres mencionadas anteriormente, esta mujer aparentemente lo tenía todo, pero recibió un regalo que no había pedido. A partir de esta historia se reflexionó sobre el peligro de que el regalo llegue a ocupar un lugar mayor que el del Dador. Cuando el regalo vale más que el Dador, pierde su verdadero sentido.

Finalmente, la enseñanza llevó nuevamente a Dios como la fuente y el centro de todo. Se destacó que el corazón nunca permanece vacío, sino que siempre termina llenándose de algo. Por eso, quedaron planteadas preguntas para la reflexión personal: ¿Qué te hace falta? ¿De qué fuente estás viviendo? La pastora utilizó una vasija como elemento ilustrativo, explicando la diferencia entre intentar alimentarnos de una vasija que constantemente necesita ser llenada y vivir conectados a una fuente permanente, que es Dios. La enseñanza dejó como reflexión central la necesidad de reconocer qué estamos utilizando para llenar nuestros vacíos y comprender que solamente Dios puede ser la fuente que verdaderamente satisface el corazón..

Durante la reunión de la noche, la hermana Verónica Cáceres, de Bariloche, estuvo a cargo de dirigir el servicio. Se entonaron las alabanzas N.º 388 y 410, para luego dar lugar a la oración de intercesión, a cargo de la pastora Edith Figueroa.

Luego de entonar los coros “Si cantamos” y “El Señor está aquí”, se realizó una reflexión en torno a la presencia de Dios. Se invitó a las hermanas a preguntarse: ¿Realmente creemos que Dios está presente y que Él está aquí? ¿Qué tendrá preparado el Señor para nosotras en esta noche?

Seguidamente, se dio lugar a las oportunidades:

  • Las hermanas de Bariloche entonaron “El último suspiro de Jesús”.
  • Las hermanas de Palermo entonaron “Cuando Jesucristo venga”.
  • Las hermanas de Belgrano entonaron “Jesús”.

Luego, la hermana Vanesa Andaur compartió el testimonio de sanidad de su hija, Antonella Dorado, quien había sido diagnosticada con un tumor en la hipófisis. Relató cómo Dios obró no solamente en medio de esta situación, sino también en su esposo, quien si bien acompañaba a la familia a la iglesia, aún no se encontraba plenamente comprometido con el servicio a Dios. Hoy, con gratitud, pudo testificar que su hija se encuentra sana y que su esposo está sirviendo completamente al Señor.

La Palabra

La Palabra de Dios estuvo a cargo de la hermana Silvana Rapetti, quien compartió la lectura de Deuteronomio 20:1-8. Durante su exposición, llevó a las hermanas a reflexionar especialmente en el versículo 8, donde se menciona al hombre “medroso”, haciendo referencia a quien siente temor, y al pusilánime, relacionado con la falta de ánimo y valor para tomar decisiones.

A partir de esta palabra, planteó una pregunta: ¿Qué mujer es medrosa y pusilánime? Recordó la indicación de volver a casa para no desalentar el corazón de los demás, llevándolo a una aplicación personal: aquello que hemos aprendido durante estos días de Convención debe poder ser llevado a nuestros hogares y puesto en práctica.

La exhortación fue a dejar de lado aquellas expresiones que muchas veces se convierten en muletillas frente a las dificultades: “No voy a poder”, “mi esposo es así”, “mis hijos ya no pueden cambiar”.

También se invitó a las hermanas a reflexionar: ¿Alguna vez tuvimos miedo? ¿Hemos atravesado momentos de aflicción o falta de ánimo? Frente a estas situaciones, se recordó que Dios nos da la valentía y las herramientas necesarias para llevar adelante nuestra familia y nuestro hogar, porque en cada proceso Él nos capacita.

Finalizada la exposición de la Palabra, se realizó el servicio de ofrenda, durante el cual se entonó la alabanza “Josué 10:12”, y la ofrenda fue bendecida por la hermana María Luisa Puma.

Para culminar el servicio, se dio una oportunidad especial a las hermanas de Tres Arroyos, quienes, junto con los niños de la iglesia, habían preparado un presente para todas las Dorcas: un hermoso espejo de mano, entregado como muestra de cariño y reconocimiento.

Finalmente, la reunión concluyó con la oración final, a cargo de la pastora Marisol Sarmiento.

39º Convención de Dorcas – Reunión apertura